jueves, 27 de octubre de 2011

Colchita de patchwork para muñecas

Un buen ejercicio para practicar el patchwork es sin duda hacer pequeños quilts o colchitas que podemos regalar a las niñas de nuestro entorno, o bien usarlas nosotras como tapetes o incluso colgarlas en la pared como cuadros. Desde hace tiempo quería hacer una para probar, pero no sabía muy bien cómo hacerla ni qué diseño usar, así que estuve buscando en internet, hasta que encontré un blog de una diseñadora de quilts para muñecas que ha escrito algunos libros y que encima ofrece algunos diseños gratuitos en su página. Así que busqué uno y me puse a ello. Esta es la colcha que me ha salido:




Para ser el primero me ha gustado el resultado, aunque lógicamente puede mejorar muchísimo. Pero bueno, seguro que haciendo algunas más lograré mejorar mi técnica. Por cierto, que la tenía bien dobladita para darla ya y no la alisé adecuadamente para la foto, pero bueno...


El diseño lo saqué de aquí: http://www.countrylanequilts.com/id30.html

miércoles, 26 de octubre de 2011

Receta: Habichuelas con huevo


Así es como le hemos llamado siempre a este plato en casa de mi madre, aunque no es ni más ni menos que un revuelto de judías verdes. Está riquísimo, y es sencillo de preparar, nutritivo y digestivo, con lo cual es ideal para la cena. Se necesitan pocos ingredientes:

- Judías verdes (unos 400 gr para dos personas)
- Un diente o dos de ajo
- Dos huevos (uno por persona)
- Sal
- Aceite de oliva

Cocemos las judías o habichuelas en agua con sal. Cuando estén tiernas se escurren y se reservan. En una sartén con un par de cucharadas de aceite pochamos un ajo o dos cortados en láminas o bien pocaditos (al gusto). Cuando el ajo esté hecho, añadimos las habichuelas y las rehogamos bien durante unos minutos. Cuando estén, echamos los huevos y movemos un poco para que se rompan, pero no los batimos mucho para que se queden bien diferenciadas la yema y la clara. En este momento podemos rectificar de sal. Una vez que cuajen a nuestro gusto apartamos del fuego y servimos el plato caliente.

No sé por qué siempre relaciono este plato con las pelis del oeste. Tal vez porque en muchas comían judías (aunque de las secas). De todas formas es un buen plato para invitar a comer a los Ingalls.

lunes, 17 de octubre de 2011

Kevin Hagen

Donald N. Hagen, conocido artísticamente como Kevin Hagen, nació en Chicago el 3 de abril de 1928. Hijo de bailarines de salón profesionales, sintió el gusanillo de la actuación a los 27 años, tras pasar por la universidad y trabajar para el Departamento de Estado de los EEUU en Alemania. Así, en los años 50 comenzó a trabajar asiduamente en televisión (ni que decir tiene que participó en Bonanza, como buena parte del elenco y del personal técnico de La casa de la pradera).

Su papel más conocido sin duda es el del doctor Baker en La casa de la pradera, donde actuó desde 1974 hasta 1983. Este papel le encantaba, y se sentía muy cómodo con él, porque cuando empezó su carrera prácticamente lo único que había en televisión eran series o películas del oeste.

Tras su éxito en La casa de la pradera, Kevin Hagen preparó un espectáculo titulado A Playful Dose of Prairie Wisdom, que él mismo escribió y produjo. Duraba unos 40 minutos, y para prepararlo Hagen estudió la historia de la medicina en el siglo XIX, y echó mano de sus recuerdos de infancia, cuando acompañaba a su tío, el doctor Wadsworth, para contar en su show cómo era la vida de un médico rural a finales del siglo XIX, en la misma ambientación de La casa de la pradera. Así, hablaba de que las enfermedades más habituales eran la viruela, el cólera y las fiebres tifoideas y amarilla. Otros peligros eran las mordeduras de serpiente y las caídas de caballo, sin contar con los elementos naturales extremos, como el sol ardiente o las tormentas de nieve. Con todo ello Hagen calculaba que la esperanza de vida rondaba los 40 años (Los Angeles Times, 14-03-1991). En este espectáculo del que hablamos se presentaba a sí mismo como doctor Hiram Baker, y hacía muchas referencias a los personajes de la serie. En la segunda parte del show, Hagen cantaba algunas canciones, lo cual sorprendía a mucha gente que no sabía que el actor cantaba desde niño en coros de la escuela y de la iglesia, y más tarde en bodas y entierros. Para este show de todas formas se preparó a conciencia en el tema del canto, y la verdad es que los espectadores dicen que lo hacía muy bien.

The Twilight Zone, 1960
Para entender la influencia de su tío en el show que montó Hagen, hay que contar que cuando el actor era un niño pequeño, sus padres hacían giras por las ferias de los pueblos enseñando los bailes preferidos de la época. Poco después montaron una academia de baile cerca de Chicago, pero al año siguiente, cuando el pequeño tenía 6 años, su padre se marchó, abandonando así a su familia. Desde ese momento fue criado por su madre, su abuela, sus dos tías y su tío, que era médico.

En el año 2004 fue diagnosticado de un cáncer de esófago. Al año siguiente falleció (9 de julio de 2005) en Grants Pass, Oregon, donde residía desde el 1992. Tenía 77 años, y dejaba viuda (su cuarta esposa) y un hijo, Christopher Hagen, maestro de educación especial y también actor, aunque no muy conocido.

Por cierto, que el último año de su vida contó a la prensa que Michael Landon no le había pagado a ningún actor de La casa de la pradera nada de los beneficios obtenidos con la serie, asunto que al parecer otros actores de la serie corroboraron.

domingo, 16 de octubre de 2011

"Otros" Ingalls (I)

Desde que el primer Ingalls del que se tiene constancia en Estados Unidos llegó a dicho país procedente del Reino Unido allá por el siglo XVII, el árbol familiar se ramificó formando varias familias. Y por eso algunos personajes conocidos, sobre todo en sus respectivos ámbitos de trabajo, llevan el apellido Ingalls, pero no por eso podemos considerarlos familia directa de Laura Ingalls Wilder. Curiosamente la primera persona de la que voy a hablar brevemente procede de la misma zona geográfica que Charles, el padre de Laura, pero como ya he dicho, no pertenece a la misma familia (aunque el nombre nos suene de la famosa serie de tv, cambiando el Graham por Quinn).

Albert Graham Ingalls (16-1-1888, Elmira, Nueva York / 13-8-1958, Cranford, Nueva Jersey)

Graduado en la Cornell University de Nueva York, fue un astrónomo que se dedicó casi toda su vida a dirigir la sección de astronomía de una reconocida revista científica, la Scientific American. En sus artículos mostraba a los aficionados cómo construir sus propios telescopios y observar el cielo, y de sus estudios y artículos surgieron varios libros sobre el tema que llegaron a considerarse la base para la construcción de telescopios caseros. Poco después de jubilarse fue atropellado por un coche, y un año después murió por las heridas causadas en el accidente, que le había dejado paralítico. Tenía 70 años.

En su honor se nombraron un cráter lunar y un asteroide. El cráter llamado Ingalls se encuentra situado en el lado oculto de la Luna, y tiene un diámetro de 37 kilómetros. El asteroide 4875 Ingalls (también denominado 1991 DJ) pertenece al Cinturón de Asteroides, y fue descubierto el 19 de febrero de 1991 por un matrimonio de astrónomos japoneses que tiene en su haber una larga lista de descubrimientos espaciales (por si alguien los conoce, son Yoshio y Reiki Kushida).

Fotografía propiedad de Smithsonian Institution Archives: http://siarchives.si.edu/

viernes, 7 de octubre de 2011

Mi Ántonia, de Willa Cather

Estaba el otro día leyendo El largo invierno, de Laura Ingalls Wilder, cuando de pronto ví algo que me llamó mucho la atención. Laura quería ayudar a su padre a recoger gavillas en el campo, pero a su madre no le parecía bien. Decía que las mujeres no deberían trabajar en el campo, que sólo lo hacían las extranjeras y que ellas eran americanas y no estaba bien que hicieran un trabajo de hombres. Bueno, al final Laura se sale con la suya y ayuda a su padre, ahorrándole mucho dinero.

Dejando a un lado cualquier tipo de interpretación, lo que me llamó la atención es que hacía poco tiempo que había leído algo similar en otro libro. Se trata de Mi Ántonia, de la escritora norteamericana Willa Cather, en el que se narra la historia de unos inmigrantes de Bohemia (República Checa) que llegan a Nebraska, concretamente a un pueblo (ficticio, creo) llamado Black Hawk. Jim Burden, el narrador de la historia, viaja a dicho pueblo para vivir en la granja de sus abuelos tras quedar huérfano. Desde que llega, con once años, entabla una fuerte amistad con Tony (Ántonia), cuatro años mayor que él y que casi no habla nada de inglés, y vamos viendo cómo ambos van creciendo y buscando sus propios destinos.

No recuerdo exactamente qué personaje lo dijo, pero en el libro de Cather también se habla de que el trabajo en el campo es sólo para los hombres, y como mucho para las mujeres inmigrantes, pero no para las nativas. En fin, es solo una curiosidad más, y por eso aprovecho para recomendar la lectura de esta novela.

Wilella Sibert Cather (conocida como Willa Cather), la autora, nació en Winchester, Virginia, el 7 de diciembre de 1873, en el seno de una familia católica de origen irlandés, y pasó su infancia en Nebraska, en la época de la colonización de inmigrantes escandinavos y checos. Estudió en la Universidad de Nebraska, donde se presentó vestida de hombre con el nombre de William Cather. Antes de dedicarse en exclusiva a la literatura había trabajado de maestra y periodista, y había viajado mucho. Publicó su primera novela (Alexander´s Bridge) en 1912, cuando tenía casi 40 años de edad. Al año siguiente publicó O Pioneers!, con el que inicia uno de sus temas principales, el mundo de los colonos que conoció en su infancia. Otras obras suyas son Mi Ántonia (1918), One of Ours (1922), con la que ganó el Premio Pulitzer, Death Comes to the Archbishop (1927), Shadows on the Rock (1931), etc. Murió en Nueva York, el 24 de abril de 1947.

Aunque no tienen absolutamente nada que ver, pues una escribió libros para niños y otra para adultos, sí hay cierto paralelismo entre Laura Ingalls y Willa Cather (o al menos yo así lo veo). Ambas son casi coetáneas (Laura nació en el 1867 y Willa en el 1873). Ambas escribieron sobre la dura vida de los pioneros, Laura de forma más autobiográfica y Willa usando sus vivencias pero creando personajes ficticios. Y ambas describen con maestría la vida en las praderas, Laura en Kansas, Minnesota y Dakota del Sur, y Willa en Nebraska. Además, las dos fueron maestras y periodistas, y se dedicaron a la escritura a edades algo avanzadas (para lo que suele normal en los escritores). En este punto Laura gana a Willa ya que comenzó a publicar con más de 60 años. De todas formas no son comparables, ni en su obra ni en sus vidas. Willa Cather, por ejemplo, era una mujer muy independiente y que no se regía por convencionalismos de la época. Ya he contado que se presentó en la universidad vestida de hombre y con nombre masculino, y además vivió 40 años con su compañera, Edith Lewis, cosas todas ellas que no creo que fueran muy corrientes en su época.

En fin, un buen libro escrito por una mujer muy interesante.

lunes, 3 de octubre de 2011

Receta: Patatas bravas

Nuevamente echo mano de La cocina de Manolita y Marcelino (Plaza & Janes, 2010) para probar una nueva receta, receta que por cierto he probado a hacer un montón de veces, siempre sin mucho éxito. Y al igual que me pasó con las almejas a la marinera, confieso que esta de bravas me ha encantado. Dos recetas probadas, dos éxitos rotundos. Me gusta este libro.

Son recetas sencillas, de las de toda la vida, pero es que con el tiempo estas son las que me llaman más la atención. Y esta de las patatas bravas no lograba hacerla bien del todo. El problema es que hay miles de recetas de la salsa brava, y no siempre que las como por ahí me gustan, la verdad. Pero esta de los amigos de El asturiano tiene algo especial, y creo que es su sencillez. Lleva pocos ingredientes, y se hace en poco tiempo. En realidad es una salsa de tomate un pelín picante y con un leve toque a vinagre. Yo la he servido junto a un poco de alioli (bueno, una lactoajonesa, una mayonesa de leche con ajo; hace años que no hago la mayonesa con huevo). Por supuesto, los autores del libro (Itziar Miranda y Manuel Baqueiro) advierten de que es un plato muy calórico y con un exceso de grasas, y que no conviene abusar de él. Una tapita de vez en cuando está bien, o una racioncita entre varios está mejor (por la compañía digo).

Los ingredientes que se necesitan son:

  • 1 kg de patatas
  • 400 g de tomates maduros
  • Una cucharadita de harina
  • Una cucharada de pimentón picante
  • ½ vaso de vinagre
  • Una cucharada de aceite de oliva
  • Sal al gusto

Rehogar los tomates pelados y rallados en una cucharada de aceite. Añadir el vinagre, el pimentón picante y la harina, y sazonar al gusto. Mezclar todo bien y reservar.

Pelar las patatas y cortarlas en cuadraditos. Freirlas en abundante aceite caliente, primero a temperatura media para que se hagan bien por dentro, y al final subir la temperatura para que se doren por fuera. Escurrirlas con papel para que absorba el exceso de aceite, añadir sal y servir con la salsa de tomate.