miércoles, 27 de abril de 2011

Actualización

He añadido otra reseña en la entrada de La casa de la pradera, escrita por Marigé Morales sobre los dos primeros libros de la serie de libros de Laura Ingalls Wilder. Espero que os guste tanto como a mí.

lunes, 25 de abril de 2011

Chaleco de crochet

Esta semana santa he estado trabajando en un chalequito de crochet (o ganchillo) que se le había antojado a mi madre. Vimos la lana en una tienda y se le fueron los ojos tras ella, pero sólo quedaban un par de ovillos de 100 gr, y me dijo la dependienta que probablemente no traerían más, así que descarté el proyecto. Pero unos días después ví que habían traído montones de ovillos del mismo color (pa fiarse de algunas, vamos), así que compré 5 ovillos y busqué entre mis revistas un motivo bonito. El diseño lo hizo mi propia madre, así que sólo tuve que seguir sus indicaciones sobre el largo, el ancho, la forma del escote o el nº de botones, y lo demás, es decir, la tarea de hacerlo, corría por mi cuenta.

Aquí un detalle del punto
Y ayer por fin lo terminé. Es muy facilito, y sólo se tardan unos 3 o 4 días en hacerlo. Sólo hay que buscar un punto que nos guste y repetirlo. Como terminación hice un filo en punto cangrejo, porque no me gustaba cómo quedaban las puntillas normales, ya que la lana es un pelín gruesa (tuve que usar un ganchillo del nº 5), pero con el punto cangrejo me parece que queda muy fina. Me ha sobrado casi un ovillo, y ha salido un chaleco de la talla 44 más o menos.

Y bueno, creo que es un bonito regalo para el día de las madres, que es el próximo domingo. Me encanta el crochet. Lo hago desde hace más de 20 años. Me enseñó a coger el ganchillo y hacer mis primeras cadenetas mi suegra, ya fallecida hace años, pero luego aprendí yo solita a base de practicar todo lo que podía y veía en revistas. A mi suegra le encantaban las primeras cosillas que hacía. Le parecía increíble que aprendiera sola, pero la verdad es que poniendo interés y teniendo alguien a tu lado que sepa para que te guíe un poco la cosa solo puede ir bien. Y lo fundamental es que te guste. He hecho montones de cosas, pero nunca había hecho ropa de adultos, así que este es mi primer chaleco de persona mayor (de bebés he hecho muchísimas cositas, y para casa también). Y bueno, para ser el primero me ha gustado mucho cómo ha quedado.

domingo, 24 de abril de 2011

Libros: Un granjero de diez años

Almanzo Wilder es un niño de ocho años que vive feliz en la próspera granja familiar en el Estado de Nueva York junto a sus padres, su hermano mayor, Royal, y sus hermanas Eliza Jane y Alice. Cuando las circunstancias son propicias, va al colegio, pero si el trabajo de la granja lo requiere, se queda trabajando en ella con toda la familia. Porque si algo caracteriza a los Wilder es que son grandes trabajadores, lo que les permite producir alimentos y cuidar animales que luego son muy bien valorados por los posibles compradores y, de esta manera, ganan bastante dinero, lo que les permite vivir holgadamente e incluso tener cosas bonitas en su casa. Y así, a lo largo de dos años, vemos crecer al pequeño Almanzo, trabajador incansable, enamorado de su rutina en la granja y deseoso de tener sus propios potros para domar, ya no solo por el hecho de que le encanta esa labor, sino porque se convierte en una especie de paso de la infancia a la madurez: el momento en el que su padre le permitirá trabajar con los hermosos potrillos de la granja.

Un granjero de diez años es el cuarto libro de la serie La casa de la pradera, escrita por Laura Ingalls Wilder, aunque, realmente, rompe con la cronología de los anteriores y con su temática ya que en este caso se trata de la narración de dos años de la infancia de Almanzo James Wilder, el marido de Laura, que además era diez años mayor que ella, así que el libro transcurre en unos años en los que apenas empezaba a formarse la familia Ingalls. El libro sigue más o menos las pautas de los anteriores: narración de la vida familiar a través de los ojos de un niño, dando forma a todo lo que ocurre a su alrededor y en lo que está presente. Se trata de la microhistoria que se convierte, a su vez, en todo un tratado de la historia y los modos de vida de la gente que habitaba Estados Unidos a mediados del siglo XIX. En este caso, además, hay significativas diferencias con los libros que protagonizan la familia Ingalls, con lo que la escritora enriquece su representación de la historia familiar y social.

Así, en Un granjero de diez años conocemos a los Wilder, una familia que vive en un entorno rural –lo mismo que los Ingalls-, aunque en este caso son propietarios de una imponente granja, con gran cantidad de animales, lo que les permite tener una posición social acomodada y dinero en el banco suficiente como para no tener preocupaciones. En cambio, ya hemos visto como Charles, Caroline y sus hijas han tenido que vivir en casas pequeñas y muy humildes, haciendo miles de cuentas para poder tener siquiera un par de animales. También es curioso ver la diferencia de comportamiento o incluso de gentes que viven en el Estado de Nueva York, donde se encuentra la granja de los Wilder, y en las tierras en expansión donde pasan a vivir los Ingalls, amplias praderas habitadas por indios y por emigrantes de otros países. Para mí ha resultado llamativo también comprobar cómo los pequeños Wilder, sobre todo Almanzo, trabajaban sin descanso, dejando de ir por ello a la escuela sin que le importara demasiado ni a él ni a sus padres eso de tener una formación. Las niñas Ingalls, también muy trabajadoras, en cambio no se ven sometidas a esa dura presión y tienen tiempo para jugar y para ir a la escuela, algo a lo que Charles y Caroline dan gran importancia.

Bueno, pues de nuevo tengo que reconocer que me ha gustado este libro, que nos trae una parte importante de la pequeña historia de Laura Ingalls Wilder y de la gran historia de una nación en plena ebullición social. Lo único que reconozco que no termina de atraerme es la edición de Noguer, con un formato poco atractivo para el público y menos aún para el público infantil al que va dirigido. En este caso, además, casi caigo fulminada cuando un poco antes de acabar el libro leo un “hoyó“, del famoso verbo “oir“: por Dios, es que no puedo disculparlo ni como errata. Digo yo que a alguien se le paga para evitar cosas así, ¿no?

INGALLS WILDER, Laura: Un granjero de diez años. Ed. Noguer, 2008. 198 páginas.

Colaboradora honoraria: Cinecita

jueves, 21 de abril de 2011

Actualización

He añadido la crítica de Cinecita porque me ha encantado su análisis del libro de La casa de la pradera.

Libros: La casa de la pradera

Semana Santa 2



Pues sí, los hay de chocolate, jeje.

lunes, 18 de abril de 2011

Karen Grassle

 
Nacida como Karen Trust Grassle el 25 de febrero de 1942 en Berkeley, California, es mundialmente conocida por su papel de Caroline Ingalls en la inolvidable serie La casa de la pradera durante 8 temporadas (1975-84). Su padre trabajaba en una gasolinera y su madre dirigía un restaurante. Karen se graduó en la Universidad de California, en Berkeley, en 1964. Estuvo en Londres con una beca para la London Academy of Music and Dramatic Art durante el curso de 1965-66, y en el periodo vacacional viajó por Italia y España para conocer las grandes obras de arte y arquitectura. Para ella fue una de las mejores experiencias de su vida. Su debut en Broadway fue con la obra The Gingham Dog, en 1971, pero ya antes había hecho mucho teatro.

Cuando hizo la audición para el papel de Caroline Ingalls se hacía llamar Gabriel Tree, pero Michael Landon la convenció para que usara su nombre auténtico, y desde entonces lo usa. Por cierto, que consiguió el papel luchando contra otras 47 actrices. Además de en La casa de la pradera, ha intervenido en muchas series, algunas tan conocidas como Vacaciones en el mar, Hotel, Se ha escrito un crimen o La ley del revólver, serie esta última con 20 temporadas en antena y donde aparecen multitud de actores conocidos. Destaca también su papel en la película Wyatt Earp, junto a Kevin Costner. Ha hecho mucho teatro, su auténtica pasión, e incluso escribe guiones.

Ha estado casada tres veces, y tiene una hija adoptada durante su segundo matrimonio. Actualmente está de nuevo divorciada y vive con su hija Lily en la bahía de San Francisco, por lo que ha vuelto a sus orígenes después de vivir en diferentes lugares (Nueva York, Santa Fe, Boston, Kentucky).

domingo, 17 de abril de 2011

Semana Santa

Bueno, pues hoy Domingo de Ramos arranca oficialmente la Semana Santa. Para todo aquel que la celebre, tanto en su sentido religioso como en el puramente vacacional, le deseo que tenga una buena semana. Creo que los que más van a disfrutar son los supergolosos. Para ellos va esta foto:

Un nazareno muy dulce

viernes, 15 de abril de 2011

Receta: Potaje de garbanzos y acelgas

Sigo con las recetas de cuaresma, y esta vez quiero hacer un potaje muy sencillo pero delicioso, y de lo más típico de esta época: el potaje de garbanzos con acelgas.


  • Un manojo de acelgas
  • Garbanzos en remojo
  • 1 cebolla
  • 1 o 2 ajos
  • 1 ñora (se puede usar pimentón dulce si no tenemos o no nos gusta la ñora)
  • 1 rebanada de pan
  • 1 hoja de laurel
  • Un poco de comino molido
  • Sal
  • Aceite de oliva

Ponemos los garbanzos en remojo la noche anterior. Lavamos y picamos las acelgas en trozos no muy pequeños. Echamos en la olla exprés los garbanzos y las acelgas, y cubrimos de agua. Dejamos que cueza una media hora.

En una sartén con aceite freimos el ajo, la cebolla y el pan. Lo ponemos todo en un mortero y lo machacamos junto con la ñora (podemos naturalmente batirlo con la batidora eléctrica). Abrimos la olla y añadimos el batido del mortero, la hoja de laurel, el comino y la sal al gusto, y dejamos cocer todo hasta que esté en su punto.

jueves, 14 de abril de 2011

Autopista hacia el cielo. La segunda temporada

El refranero español, que es muy sabio, tiene una frase ideal para describir cómo me he quedado después de ver la segunda temporada de una serie con un encanto muy particular llamada Autopista hacia el cielo. Y es: "Todo lo bueno se acaba". Porque sí, acabo de terminar estos 24 episodios y ya estoy impaciente porque salga la tercera temporada (espero que sea pronto porque, si no, me voy a ver obligada a tomar drásticas medidas... Y que cada cual piense lo que le parezca...).

Dejando un poco a un lado las bromas, hay que reconocer que Autopista hacia el cielo no va a ser de esas series que pasen a la historia por su magnífica calidad, pero sí podría hacerlo por el encanto de su planteamiento y por tener algunos capítulos inolvidables, de esos que a lo mejor no solemos ubicar en una serie o temporada y que, de repente, te encuentras viendo en un DVD comprado veinte años después.

Tengo que decir que me ha gustado mucho más esta temporada de Autopista hacia el cielo. En la primera, conocimos a los personajes y se establecía el vínculo amistoso y de confianza entre Jonathan Smith y Mark Gordon. En la segunda temporada Jonathan y Mark, Michael Landon y Victor French, tienen establecido tal vínculo que traspasa la pantalla: cuando se emocionan son auténticamente emocionantes, pero cuando se ponen en plan divertido (bromitas sobre la condición de ángel de Jonathan, sobre todo), son de verdad divertidos, como por ejemplo en el capítulo 15, "Cambio de vida", en el que Jonathan y Mark tienen que trabajar para una estrella de cine, el primero como guardaespaldas y Mark, ex policía, tiene que hacerlo como peluquero. Bueno, pues este capítulo tiene algunos momentos de carcajada, no sólo porque sea Mark el que tenga que hacer de peluquero en lugar de guardaespaldas, más acorde a su anterior profesión, sino porque además Dios le va a "castigar", poniéndole en una situación un poco complicada que permite a Victor French sacar toda su vis cómica.

Junto a este "tronchante" capítulo, hay otro muy especial que seguramente recordará mucha gente: el capítulo 16, "Sigue sonriendo", en el que Jonathan se encuentra con la que fue su esposa, ahora anciana, cada vez más sola. También nos encontramos con los típicos capítulos de niños enfermos ("Canción para Jason"), abuelos en apuros ("Encuentros celestiales en la tercera fase") y parejas que superan con amor o amistad sus diferencias insalvables (chica guapa pero ciega, en principio, con chico deforme en "El monstruo", 2 partes; chico guapo y deportista con chica obesa en "Amigos"); pero también hay un nuevo espacio para las reivindicaciones: ecológicas ("Aves del mismo plumaje") o pacifistas ("Cumbre").

Varias curiosidades que me han llamado mucho la atención:
  • La presencia de algunos jovencísmos actores, todavía conocidos, en algunos de los capítulos: Giovanni Ribisi (acreditado como Vonni Ribisi en "Canción para Jason"), Paul Walker en "Aves del mismo plumaje", Shannen Doherty (ex La casa de la pradera) en "El secreto" y Mark Paul Gosselaar en "La antorcha".
  • La presencia de "viejas glorias" del cine: Dorothy MacGuire, haciendo de esposa de Jonathan en "Sigue sonriendo", Edward Asner en "El último trabajo", Eli Walach en "Cerrar las heridas" y Lorne Green, el que fuera padre de Michael Landon en Bonanza, en el capítulo "La sonrisa de la tercera fila". Por cierto, que de este capítulo me puse una parte en versión original y me sorprendió la bonita voz y perfecta dicción de este maduro actor.
  • En esta segunda temporada, Landon y French ceden en dos ocasiones las labores de dirección y en uno de estos casos es a William F. Claxton, uno de los habituales en La casa de la pradera.
  • Y que, en moda, pocas cosas se inventan porque la protagonista del capítulo "El secreto" lleva una de esas sandalias de estilo romano que tanto se llevan este año (yo tengo unas exactamente iguales). Y de este capítulo hace más de 23 años.
Bueno, podría seguir hablando y comentando cada uno de los 24 capítulos, pero tampoco quiero extenderme más. Lo único que deseo es que llegue pronto la tercera temporada. Por cierto, otra reivindicación: el DVD sólo trae subtítulos en inglés. A Lorne Green se le entiende todo, pero prácticamente es al único. ¿Tanto trabajo cuesta incluir los subtítulos en español?

Escrito y publicado por Cinecita en su blog De Cine y Libros, el 27 de julio de 2009.

miércoles, 13 de abril de 2011

Autopista hacia el cielo: 1ª temporada

Si hay que hablar de la televisión de los años 70 y 80, un nombre tiene que aparecer con letras mayúsculas y brillantes: MICHAEL LANDON. Sí, aunque no le parezca bien a todo el mundo. Porque Michael Landon va a pasar a la historia de las series de televisión por La casa de la pradera, pero va a ser recordado también por mucha gente rara -como yo- por otra serie fundamental, surgida a raíz del éxito de la anterior: Autopista hacia el cielo, producción que se inició en 1984 y duró cinco temporadas, en las que Michael Landon y su buen amigo Victor French se las apañaban solitos para hacerlo casi todo (interpretar, dirigir y producir).

No recuerdo ni siquiera en qué momento se inició mi empeño por conseguir Autopista hacia el cielo: creo que fue ya en la época de los vídeos, antes del DVD. Además, siempre he pensado que era yo sola. Pero no, en algunas de mis búsquedas me he dado cuenta que no era la única: hay por ahí bastante gente que la ha estado buscando e indagando con mucha paciencia hasta que, por fin, Tribanda pictures ha sacado la primera temporada en un pack con seis discos (y creo que 25 capítulos). La pena es que no trae ni los más mínimos extras; digo yo que tampoco les hubiera costado mucho meter unas fotos o unas filmografías, pero bueno, no nos quejemos porque, por lo menos, la han sacado y parece que va a haber una cierta continuidad, ya que en estos días ha salido la segunda temporada.

¿Qué es lo que más me gusta de esta serie? Bueno, pues su magnífica realización no va a ser. De Autopista hacia el cielo te tiene que gustar la vida según Michael Landon: los buenos sentimientos, cierta religiosidad y ganas de superación personal. La verdad es que hasta tiene su “aquel” porque, a fin de cuentas, el actor, muy querido y recordado por las personas que trabajaron con él y por quiénes le veíamos por la tele (hace unos días descubrí una pegatina en un coche: El rincón de Michael Landon, que es -o era, no lo sé- un bar de tapas en Granada), tuvo serios problemas de alcoholismo y en las relaciones con su familia.

Autopista hacia el cielo nos presenta a Jonathan Smith, un ángel que llega a la Tierra y en su primera misión tiene que conseguir que un asilo de ancianos a punto de ser vendido, con todo lo que conlleva de que sus habitantes se queden en la calle, pueda funcionar con la gestión de los propios ancianos que, al mismo tiempo, encuentran un incentivo para seguir viviendo con todos los ánimos gracias a esta tarea. Jonathan se encuentra además en esta misión con la enfermera del asilo, una mujer que entre su trabajo y el cuidado de su hermano -un ex policía alcohólico- no ha tenido tiempo de encontrar el amor. Y al intentar ayudarla, se va a topar con su compañero de aventuras, Mark Gordon, el ex policía alcohólico, que decide superar todos sus problemas para poder acompañar a Jonathan en su labor; no en vano, será el único que conozca la auténtica identidad angelical de su compañero. He de reconocer que Autopista hacia el cielo no es apta para personas diabéticas, porque el subidón de azúcar que acompaña a cada capítulo es de los que hacen época: abuelitos desamparados, niños enfermos, mujeres que ponen su vida en peligro por salvar a hijos no nacidos son los personajes más habituales. Jo, pero también es bonito ver estos buenos sentimientos en una televisión o un cine que no se preocupa para nada de ellos ahora. También es verdad que uno de los logros de esta serie es que mezcla bien todo esto con un sentido del humor en algunos momentos muy logrados, gracias sobre todo a las “bromitas” sobre la condición de ángel de Jonathan o las de éste sobre el aspecto físico de Mark.

En esta primera temporada de Autopista hacia el cielo no vemos rostros muy conocidos en general para todo el mundo, aunque es curioso ver al gimnasta de los años 80, Bart Conner, actores televisivos como Jonathan Frakes, Brian Kerwin, al siempre socorrido Geoffrey Lewis y a una jovencísima Helen Hunt, en el capítulo doble de cierre de la temporada, con unos kilitos de más que tampoco le sentaban nada mal, visto cómo está ahora esta mujer.

Valoración: Para mí es una serie de 10, pero realmente no pasaría del 6,5 si fuese más crítica.

Escrito y publicado por Cinecita en su blog De Cine y Libros, el 20 de junio de 2009.

viernes, 8 de abril de 2011

Receta: Torrijas

Torrijas con miel
 Bueno, pues ya queda poco más de una semana para que comience la Semana Santa, así que ya va siendo hora de ir preparando las torrijas, dulce por excelencia en estas fechas. Las clásicas son las de miel o las de azúcar y las de vino, aunque en las pastelerías hay ya un enorme surtido con distintos ingredientes como crema pastelera, chocolate, coco, dulce de leche, etc.

Yo las que hago son las de toda la vida, rebozadas en azúcar con canela o enmeladas, pues hay a quien le gusta de una u otra forma. A mí me gustan más con azúcar, pero al resto de mi familia y conocidos les gusta con miel, así que me toca hacer de las dos. No pongo cantidades porque las hago a ojo, y eso sí, después de probar el pan especial para torrijas que venden en las grandes superficies y el pan de barra me quedo con el pan de barra, pero esto ya es cuestión de gustos, como todo. Voy a poner la receta que sigo desde hace años, que es la de las Hermanas Clarisas (cómo no, me encanta ese libro), y que es supersencilla.

Torrijas con azúcar y caanela
  • Pan
  • Leche
  • Canela
  • Huevos
  • Azúcar
Se corta el pan en rebanadas finas que se remojan en leche hervida con un poco de azúcar y canela en rama (yo le añado además una cáscara de limón, y espero a que la leche se enfríe un poco). Cuando estén bien empapadas se rebozan en huevo y se fríen. Antes de servirlas se espolvorean con azúcar (y canela, o sólo con miel rebajada con agua).

Cocina monacal. Secretos culinarios de las Hermanas Clarisas. Editorial Planeta, S.A. Barcelona, 1995.

De todas formas, recomiendo probar cosas nuevas, y qué mejor que unas buenas torrijas de chocolate. La receta aquí.

miércoles, 6 de abril de 2011

Caroline Ingalls

Su nombre de soltera era Caroline Lake Quiner, y nació el 12 de diciembre de 1839 en la localidad de Brookfield, Wisconsin, a unas 15 millas al oeste de Milwaukee. Era la quinta de siete hermanos, y sus padres fueron Henry Newton Quiner y Charlotte (Tucker) Quiner. Cuando Caroline contaba con cinco años, su padre murió en un accidente en el lago Michigan, cerca del Estrecho de Mackinac. El Sr. Quiner hacía negocios con los indios de la zona, y en uno de sus viajes se ahogó cuando su barco naufragó durante una fuerte tormenta.

La madre de Caroline, Charlotte, se casó cinco años después con un vecino granjero llamado Frederick Holbrook, con el que tuvo una hija a la que llamaron Charlotte (conocida por “Lottie”). Caroline siempre quiso a su padrastro, y de hecho le puso su nombre al único hijo varón que tuvo (aunque murió a los pocos meses), Charles Frederick (Freddie).

Caroline y Charles Ingalls
  
Con 16 años Caroline empezó a trabajar como maestra, hasta que se casó con Charles Ingalls el 1 de febrero de 1860, con el que tuvo cinco hijos: Mary, Laura, Caroline (Carrie), Charles Frederick (Freddie) y Grace. La familia vivió en distintas localidades de Wisconsin, Kansas, Iowa y Minnesota, hasta que en 1879 se estableció definitivamente en De Smet, Dakota del Sur.

Caroline murió el 30 de abril de 1924, domingo de Pascua ese año, con 84 años de edad, y fue enterrada en el cementerio de De Smet. Según la necrológica que publicó el diario local, el De Smet News, la muerte de Caroline fue inesperada pues había estado enferma muy poco tiempo, aunque había estado muy débil todo el invierno. Le sobrevivieron sus cuatro hijas, tres hermanas y una nieta (Rose Wilder Lane, hija de Laura Ingalls Wilder).

domingo, 3 de abril de 2011

Receta: Estofado de carne

Aunque estemos en Cuaresma ello no significa que no podamos comer carne, ya que la abstinencia de este producto es solo los viernes (y para los fieles cristianos, no para el resto del mundo). Por eso hoy quiero dejar constancia de una receta que me ha encantado. La ví el viernes pasado en el Canal Cocina, en el programa del cocinero Sergio Fernández "Cocinamos contigo". En dicho programa, el cocinero realiza platos cuya receta dan los espectadores, y en esta ocasión salió una señora (llamada Pepi) dando su receta de estofado.


Yo siempre he hecho una receta de estofado clásica, con sus zanahorias y todo eso, muy rica, pero esta vez me llamó mucho la atención lo fácil que era esta y lo rápido que se hacía en la olla exprés, así que decidí que hoy domingo la haría. Y he de decir que ha sido todo un éxito. Es simplemente deliciosa. Sergio Fernández, el cocinero, varió levemente la receta, y yo he seguido los pasos que dio él. Por eso a lo mejor es distinta esta receta que la que ponen en la web de Canal Cocina, pero seguro que de las dos formas es exquisita.

Ingredientes:
  • 400 gr de carne de ternera (yo usé cerdo, que me gusta más)
  • 2 dientes de ajo
  • Media cebolla
  • Una rebanada de pan frito
  • Un tetrabrick pequeño de tomate frito (sirve tomate casero, naturalmente)
  • Un vaso de vino blanco (yo he usado oloroso)
  • Medio vaso de agua (puse un poco más porque me pareció poco líquido)
  • 2 hojas de laurel
  • Una patata
  • Aceite de oliva virgen extra
  • Sal
Preparación:

Se echa un poco de aceite de oliva en la olla exprés y se rehoga la carne cortada en tacos, pero solo un poquito, para sellarla solamente. Se saca la carne y se reserva en un plato, mientras pochamos la cebolla y el ajo cortados en trozos. Cuando estén, le añadimos el pan, el tomate frito, el vino y el agua, y dejamos cocer un poco. Batimos todo en la misma olla, y echamos después la carne (junto con el jugo que suelte) y una o dos hojas de laurel seco. Cerramos la olla y dejamos cocer entre 10 y 12 minutos, si se trata de ternera (un poco más si es cerdo). Freimos una patata cortada en taquitos o en tiras y servimos caliente.

Una receta, por cierto, muy del estilo de La casa de la pradera.